El Arçobispo de Granada mandó a todos los Curas de el Arçobispado, que el primer dia de el año [1568] publícassen en sus Parroquias: se havian de matricular todos los hijos de los Moriscos, desde la edad de cinco años, hasta los quince, para que los embiassen a las ecuelas, á fin de enseñarles la Doctrina Christiana, leer, y escribir, y con esso aprendiessen la lengua Castellana: con que sus padres determinaron levantarse, por parecerles, que era menos penosa la muerte, que el yugo de las cosas, que les mandaba.
Diò principio á la rebellion Farax-Aben Farax de el linage de los Abencerrages, aunque de oficio Tintorero de Arrebol, vecino de el Albaicin, hombre resuelto, y mañofo, tratando esta materia, con Abenjuagar, Alguacil de Cadiar, Diego Lopez Abenaboo, vecino de Mecina de Bonvaron, y otros Moriscos principales, que estaban en Granada á seguir sus dependiencias en la Chancilleria, y conociendo era necessario experimentar el animo de los Moriscos, que vivian en las Alpujarras, para tomar la resolucion.
Como á los Moriscos les estaba prohibido el hacer juntas, determinaron hacer un Hospital, y Hermandad, con titulo de la Santissima Trinidad, fuera de Granada, para curar sus Christianos pobres enfermos; pues con este pretexto se podrían juntar, y conferir sin sospecha, lo que tocaba á la rebelion, y pedir licencia á el Arçobispo.
Concedióseles la licencia, que pedian, por el Arçobispo, y Presidente, pareciendoles, que era una obra muy piadosa y Christiana: con que ellos valiendose de este pretexto, despacharon tres, o quatro personas, para que con maña, y secreto explorassen el animo, é intencion de los lugares, y Ios aientassen à la solevacion, fiando este secreto de personas seguras, y pocas, à fin de que estas en cada lugar pudiessen inducir a los demas, y tomassen razon de la gente, que en cada uno podia tomar armas, y las que havia en el; y à el mismo tiempo reconocieron los Puertos, que eran mas aproposito para recibir socorros, que podian venir de Berbería, y los caminos mas breves, seguros, y secretos, para conducirlos, y conducir tambien viveres à Granada.
Salieron, pues, los destinados para este efecto, y tomaron diversas veredas, y luego que llegaban à los lugares, solicitaban introducirse en conversacion con algunos de los principales Moriscos de ellos, tratando de el miserable estado, en que se hallaban, y la miserable, y lastimosa esclavitud a que estaban reducidos, y viendolos lastimados, y con el mismo motivo resentidos, de que no podian guardar la Religion de fus mayores, les decian que si eran hombres de secreto, y valor, facilmente podian sacudir tan tirano yugo: porque segun varias profecias de los antiguos Alfaquies, despues de la pérdida de el Reyno de Granada, havia llegado ya el tiempo de su libertad, tomando las armas, y que para lograr esto, havian solicitado el ayuda de los Reyes de el África, que havian ofrecido embiarles grandes socorros, y que el Gran Turco les havia prometido, embiaria á su favor armada, y gente.
Y de esta suerte corrieron las Alpujarras, y haviendo ejecutado con solicitud lo que se les avia ordenado, volvieron a dar quenta de su comission.
Juntaronse en Cadiar, lugar que esta a la entrada de las Alpujarras, los principales de la rebelion, assi de el Albaicin, como de las otras partes de el Reyno, y reconociendo, que havia en él mas de ochenta y cinco mil casas de Moriscos empadronadas, sin otras muchas, que se ocultaban, y que se podian poner cinquenta mil hombres con armas en campaña, resolvieron, que el levantamiento se hiciesse el dia de el Jueves Santo, encargando á todos el secreto, para la seguridad, ponderandoles el riesgo, que tenian todos, en que se supiesse la conspiracion, pues de manifestrse, perderían la vida, la hacienda , y padecerían los mas rigurosos tormentos.
Ademas los Monfies empezaron a cara descubierta a levantar vanderas, roba, y matar á quantos Christianos encontraban, usando con ellos las mas barbaras crueldades, defuerte, que era raro el dia, que no se trajessen á Granada algunos cuerpos muertos, assi de Clerigos, como Religiosos, y seglares, los mas muertos coa estraña crueldad, y inhumanidad.
Muchas perfonas reconociendo el desasossiego, è inquietud, que trahian entre si los Moriscos de las Alpujarras, vinieron en el conocimiento de el animo depravado, que tenian de levantarse, y aísí lo escribieron á el Presidente, y a el Arzobispo de Granada, y juntamente a el Rey; con cuyo aviso el Prefidente, y el Corregidor de Granada, previnieron de armas a los Christianos, y procuraron tener gran cuidado con el Albaicin, rondando todas las noches: con lo qual estos avisaron á los principales de las Alpujarras, que suspendiessen la solevacion, porque la ciudad estaba advertida, y con prevencion, y que n lograndose aquella, los demas intentos eran en vano: con que suspendieron el levantamiento, que tenian, determinado para el dia de Jueves Santo.
El Conde de Tendilla estaba en el Alhambra por su padre el Marqués de Mondejar, que se hallaba en la Corte por las competencias de jurisdicion con la Chancilleería, y a 5 de Abril con los grandes recelos de el levantamiento, subió a el Albaicin , acompañado de muchos Caballeros, y su guardia, y fue a oír Miíssa á San Salvador, donde estaba junta !a mayor parte de los Moriscos, por ser dia de Jueves Santo, y haviendola oído, les dixo: que ninguno se saliesse, porque tenia que hablarles, y desde las gradas de el Altar mayor les insinuó en Granada, y en todo el Reyno se sospechaba, que intentaban levantarse; que mirassen, que todo estaba dispuesto para su mayor bien, y que assi lo observassen puntuales, porque el mudar de trage, y lengua, era para que no huviesse diferencia alguna, pues eran ya todos Christianos; que tratassen de despedir los que havian venido de las Alpujarras a vivir en el Albaicin, por la sospecha, que ocasionaban , y que el matricular sus hijos, y hijas, no era para quitarselos, como algunos falsamente publicaban, sino para enseñarlos, y doctrinarlos en la Religion Christiana; y que creyessen, que observada la fidelidad, que debían á Dios, y a el Rey, este siempre les atendería.
Ellos se quejaron á el Conde de la injusta sospecha de su fidelidad, y le dieron muchas gracias, y desde entonces procuraron vivir contal recato, que casi disiparon el recelo, assegurando á los Christianos para el descuido.
A 6 de Abril un Alguacil llamado Bartholomè Santa María, teniendo a su cargo la ronda, al tiempo que anochecia, estando lloviendo mucho, haciendo mucho aire, y muy obscuro, embió quatro soldados a hacer centinela en la Torre de el Aceytuno, que estaba en lo mas alto de el Albaicin, y como la noche era obscura, y llovía , llevó cada soldado un acho de atocha encendido para alumbrarse, y en llegando a el pie de la torre, cuya subida era dificil, los que iban delante menearon los achos para alumbrará los que iban subiendo, y luego los echaron abajo, de modo, que parecia, que aquello era señal de aviso á gente apostada afuera.
Vio esto la centinela, que estaba en la Torre de la fortaleza de la Alhatmbra, y creyendo, que era señal de alguna novedad de los Moriscos, tocó a rebato, y avisó á el Conde de Tendilla de loque havia visto, y este embió veinte soldados a el Albaicin, para saber el motivo de aquellos fuegos.
En tanto la centinela, que tocaba a rebato, empezó á dar grandes voces, diciendo: Christianos guardaos, y prevenios, porque esta noche puede ser, que seais degollados: con las quales palabras Te alborotó de tal suerte la ciudad, que fué todo horror, temor, y confusíon; las mugeres salian despavoridas de sus casas, buscando el asylo de las Iglesías, ó Alcazar, ó las partes, que les parecian mas seguras; los hombres salian con las armas, que tenian, a las calles, y plazas, sin saber donde acudir; los Religiosos tomaron las armas, que hallaron, y se pusieron á la puerta de la Audiencia, creyendo todos era cierto el levantamiento.
El Presidente, y Corregidor embió cada uno por su parte a el Albaicin, para saber la causa, que diò ocasion á el alboroto, y reconociendo, que havia nacido de la inadvertencia de los soldados, que havian ido a hacer centinela en la Torre de el Aceytuno, todos se recobraron, y quedaron sossegados, y se volvieron a sus casas. El Corregidor tomó con gente las bocas de las Calles de el Albaicin, para que ninguno entrasse en el, y evitar el saqueo de sus moradores; y despues de haver passado una furiosa tempestad de agua, subio á el Albaicin, y rondando toda la noche, reconoció quando fue de dia las murallas, y viendo, que estaba todo seguro, bajó á la ciudad. De alli adelante rondaba todas las noches con gente armada, assi para que los Moriscos no recibiessen daño, como para assegurarse de ellos, y este rebato sirvió de mucho, porque la Ciudad trató de prevenirse, y comprar armas, que repartió entre los vecinos, y de alli adelante se vivió con mayor cuidado.
(Fin de la Primera Parte)
Por el texto en original: Juan de Ferreras, Historia de España: siglo XVI: parte dezimaquinta, Madrid, 1725: http://books.google.it/books?id=o81d6SxvFqYC&printsec=frontcover&source=gbs_v2_summary_r&cad=0#v=onepage&q=&f=false







